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  Psicología y Kabaláh

EL PODER DE LA PALABRA EN LA CURA

 

* Por Mirta Saiegh

 

 

No se trata de hablar, ni tampoco de callar:

se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio.

Quizá cuando transcurra todo, también la palabra y el silencio,

quede esa zona abierta como una esperanza hacia atrás.

Y tal vez ese signo invertido constituya un toque de atención

para este mutismo ilimitado donde palpablemente nos hundimos.

(Roberto  Juarroz)

 

 

A lo largo del camino el ser humano se encuentra con muchas preguntas e interrogantes sobre el misterio de la vida.

Sabe que ninguna respuesta es la definitiva, que cada una lo lanza nuevamente en la búsqueda, y así este enigma puede transformarse en lo que causa su vida.

Se interroga sobre qué es la vida? Qué es la muerte? ¿Cuál es, si la hay, su misión? ¿Si llega sola o hay que buscarla? ¿El por qué tiene que aceptar cosas que le pasan que no le gustan, si decide y elige libremente? etc.

 

Va llevando los interrogantes que posee, a veces a un psicólogo y comienza una terapia, ocasionalmente a un maestro de Kabaláh y aprende a meditar, algunas veces a un médico y le presenta su cuerpo doliente, también un religioso puede ser que crea que tiene la contestación.

Como la pregunta no tiene una sola respuesta no es incompatible que pueda necesitar más de un espacio para interrogar, interrogarse y conocerse.

Porque de eso se trata, de conocerse y conocer a quienes son nuestros compañeros de ruta.

Si consideramos el aporte del psicoanálisis y las investigaciones hechas por S. Freud podremos entender como se constituye el aparato psíquico. El formula el concepto de “series complementarias” para dar cuenta de como el ser  humano esta conformado  tanto por la carga genética (lo heredado) como lo adquirido en las primeras experiencias infantiles.

La indefensión en que nace el sujeto humano hace necesario que otro primordial haga por él y para él lo que él no puede  hacer.

Esta respuesta que proviene de la madre o de quien lo cuide hará que se transformen en palabras el llamado del hijo y de este modo lo irá humanizando, es decir aquel grito en bruto pasará a ser una palabra. Es así como se irá tejiendo, desde los padres hacia el hijo una trama vincular, donde estará presente la propia historia de los padres, su misma historia como hijos. Se produce un movimiento de transmisión.

 

Un pensador como Walter Benajamin, le adjudica a la palabra fundamental importancia en su trabajo “Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres”.  Se refiere al ser lingüístico en si mismo. Este es algo propio no solo de la vida humana sino de toda la realidad. No existe cosa o acontecimiento, tanto del mundo animado como del mundo inanimado que no participe de alguna manera del lenguaje, pues “es esencial a toda cosa comunicar su propio contenido espiritual” a través de algún tipo de lengua.

Somos humanos y nos introducimos en la cultura porque somos “seres de palabra”, la palabra nos conforma y constituye, nos volvemos sujetos, nuestro cuerpo se habita por palabras, nuestro inconsciente esta conformado como un lenguaje. Y por lo tanto la palabra es lo que nos determina. Accedemos al universo simbólico.

El lenguaje esta compuesto por una serie de signos, tal como afirma el padre de la lingüística: F. de Sassure, estos pueden definirse como; sonidos, letras, palabras, que conforman frases y oraciones.

En un tratamiento terapéutico el paciente habla y se va produciendo un texto. El analista interviene también con su palabra puntuando, interpretando, invitando a evocar, reflexionar, elaborar, rescribir. El trabajo de desciframiento permitirá desamordazar la palabra latente en el síntoma, para que cada uno se contacte con su propio deseo.

Analizarse es como viajar por el mundo de las palabras propias inconscientes que nos liberaran de aquello que nos impide vislumbrar una posición  que  permita crecer y desarrollarse, dar otra mirada al sufrimiento, a la enfermedad bajo una nueva luz. Cada ser es singular y único, captar este estilo, conocer y saber hacer con esto en nuestra cotidianidad es parte del objetivo.

Los síntomas de nuestra época, época de exitismo y búsqueda de consumo lleva a muchas personas a experimentar un sentimiento de vacío y angustia. Con este sufrimiento acuden a nosotros buscando alivio. Allí debemos alojar y disponernos a trabajar sabiendo escuchar, y propiciando una mirada diferente que permita a la persona  volver a encontrarse consigo misma, buscando en su interioridad aquello que deposita afuera.

Es a través de la palabra, proferida por el paciente que será escuchada por el terapeuta, en el silencio en si que haga, lo que permitirá trabajar con los afectos reprimidos y anudados en el cuerpo.

 

La kabaláh es una técnica de lectura e interpretación del texto sagrado.  El kabalista interpreta la Toráh como un conjunto simbólico a descifrar, por medio de distintas operaciones de lectura que partiendo del texto lo dividen, atomizan llegando a la sustancia del lenguaje: las letras y los fonemas.

 

Desde la kabaláh, aprendemos que la palabra  es esencial y da forma a su teoría.  Cada letra de la lengua hebrea es una puerta de apertura a una realidad a conocer.   En los textos crecemos, en las meditaciones nos acercamos a la salud, empleando a veces  una palabra, o como lo transmitió Abraham Abulafia, gran cabalista, con las vocales, sabiendo que cada una simboliza mucho más que una simple sonoridad.

La Kabaláh pone énfasis en el análisis de las palabras y las letras, en su valor numérico, en su permutabilidad, en sus formas.  Cada matriz da un nuevo panorama distinto de profundidad espiritual, bastante más complejo de lo que pudiera sugerir cualquier concepto gramatical.

 

Lo que nos permite la Kabaláh a su vez, es una lectura multiplicadora y diferente que hace oír en el interior del texto una diversidad creativa y maravillosa.

El que interpreta, desde la kabaláh busca encontrar en el interior del texto una verdad que no es la que está en el sentido manifiesto.

La Kabaláh plantea que el conocimiento debe ir acompañado por el sentir, no es solo pensar, tiene que poder estar alineado el pensar, el sentir y el hacer.

La interpretación del terapeuta cobrará valor cuando lo dicho no pase por el entendimiento racional sino que pueda hacer vibrar y tocar el afecto, lo que producirá un insight (darse cuenta) del lado del paciente.

Ambas disciplinas, la Kabaláh y el psicoanálisis tienen algunas concordancias si consideramos los aspectos relacionados con el lenguaje y el poder de la palabra para la cura.


Mirta Saiegh
Psicóloga
Buenos Aires, Argentina
mirtasaiegh@hotmail.com

 

 

















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